febrero 16, 2007

Reloj

El miedo a que transcurra al día. Aferrarse con bruzquedad a las manecillas, romperse la piel de los dedos en el cristal de las horas. ¿Cuánto nos espera? La lucha interminable, los enemigos a tu lado, sonriendo. Los autos como una posibilidad de feretro vertiginoso y metalico. El vertigo, siempre el vertigo. La caida. El odio que toma a los sueños por asalto. Verte a ti mismo como asesino, y sonreir al amanecer. Sobretodo, sonreir al amanecer, al recordar la sangre en la memoria.

Que ganas de que no llegue mañana. Sin embargo, que necesidad de que transcurra. Salimos de la piel: plateados, rigidos, vacios. Los ojos de oscuridad que son nuestra unica mirada. Pero llegará mañana con sus nuevos ataques, las uñas en la oscuridad, las sombras que son ellos, los otros, los enemigos, los de rostro liquido.

No hay opcion al miedo. El tiempo llega y nos destruye. El maldito cristal de los minutos. Yo aferrado a la posibilidad de una latir estatico. Yo lazandome de cabeza contra el aire solido, contra sus dientes de diamante.

Cada palpitar es entonces una demostración que de somos devorados.

diciembre 12, 2006

Ciudad azar II

La luna nace de una espalda que se abre,
palpita líquida,
cae desde el rojo oscurecido
para regar las calles.

El río nace y huye en la avenida,
se vuelve luces,
autos
balas.

A lo largo de este cause
nacen humanos en cada esquina.
Nadie sabe porque aquí y no en otro sitio.

Algunos de ellos evolucionan:
aprenden a caminar con las manos.
Otros mueren sobre la banqueta:
no saben respirar el aire.

La luna lo mira todo,
se deja caer por el perfil de la ciudad.
Llega la sequía al pavimento,
hombres y mujeres se levantan desnudos,
miran alrededor,
inician sus pasos para reconocer camino.

Entregados al azar
han aprendido cada día
a ser otro cuerpo.

Ciudad azar I

Rodeado de paredes sosteniendo al cielo,
podría ser que un día encuentres un nombre.

Que te definas al paso de una esquina,
o cinco cuadras antes
o una amante y un primogénito después.

Pudiera ser que un día te encuentres
a la salida de un bar
o al entrar a un templo
o al alargar tu sombra en una hogar hecho de dudas.

Alguna vez tendrás la oportunidad de tener voz,
de mirarte repetido en el espejo,
de saberte un lugar en medio
de esta colección de calles:
vértigo de cuadros
en los cuadros de los cuadros.

Lo más posible es que un día seas bautizado.
Entonces estará tu nombre
en una lapida.

Te quedarás por siempre
entre las piedras sosteniendo al cielo.

Media noche

I

La soledad no es esta que me acompaña,
si lo fuera, tendría con quien compartir el silencio.

II

Por pedazos de tu pupila
fui en el cielo
ruta de trasnoche.

Menguante de tus manos
caigo de repente en las distancias:

Se que salgo de sobra
entre la oscuridad que lame tus piernas
y el sol que quiere tenderse sobre tus dedos.

III

Ser coraza de la piel,
piedra deslavada,
cuello,
viento,
agua encendida en labios,
braza de una sábana,
vela palpitante.

Solamente nosotros
crepitando a media noche.

IV

Moribunda, horizontal el alma,
el cielo se deshace goteando el respiro.

Entonces sueñas.

V

Me masturbo en silencio:
no quisiera despertar mi cuerpo.

Luce placido en el profundo hueco de las sábanas
sin más preocupación que el polvo acumulado.

Palpita callado cada pómulo,
se conserva algo de calor entre los dedos,
hecha raíces,
pronto emergerá un falo retoñando.

Leñado por un sueño
mi cuerpo no sirve de materia prima,
es, a lo mucho,
residuo seco para arder según caiga la noche.

noviembre 22, 2006

Espejos

Fantasmas y miedo se comparten tu orgasmo,
son los que reinciden
en cada vértice oscuro de la calle.

También los que te gritan
desde las grietas en el asfalto,
incluso desde una pupila
fija en medio del techo.

Espectros son los que rajan con sus dientes tu espalda,
cuando intentas descansar unos segundos,
en los momentos cruciales
de levantar el rostro para la esperanza.

Sombras que te amenazan
desde un monitor de plasma
o una ventana rota
o una caricia que huye
o una palabra incierta
o el café
o alguna inyección letal.

Todo es oscuridad
que gusta vestirse de traje,
andar laborioso,
escupir acido.

Enfrentado a estas siluetas oscuras
es que sabes que te faltan gritos,
que debes respirar un poco,
alzar la mano sutilmente
y soltar el golpe.

El espejo te regresa un demonio desquebrajado,
que sonríe hiriente,
empiezas a soltarla carcajada de la locura.